La tripartición
de Buenos Aires

Todo el poder a los
ciudadanos

En 140

La provincia de Buenos Aires, como está, no es viable y no beneficia a nadie. Porque la queremos, la partimos.

La propuesta

Proponemos la formación de tres provincias diferentes en el actual territorio bonaerense, dos de ellas incluyendo sendas secciones del conurbano y una tercera, más extensa geográficamente, ocupando del centro al sudoeste provincial. La formación de tres provincias tendrá varias ventajas para los actuales bonaerenses. En primer lugar, acercará a los ciudadanos al gobierno provincial y al gobierno provincial a los ciudadanos, tanto geográficamente como políticamente: hoy el gobernador no representa ni puede representar la variedad de intereses que tiene esta provincia del tamaño de una nación. En segundo lugar, la partición de la provincia de Buenos Aires en tres provincias limitará la influencia irregular de su gobernador sobre la política nacional. En tercer lugar, al dotar de tres senadores a cada una de las nuevas provincias, se atenuará la subrepresentación actual de la provincia de Buenos Aires en el Poder Legislativo. Esa mayor representación legislativa ayudará a que las nuevas provincias no sufran la discriminación negativa que hoy tiene la Provincia de Buenos Aires en el reparto de fondos nacionales.

Creemos en la importancia política del federalismo. La Argentina debe darse finalmente la oportunidad de repensar la federación con un criterio que ponga el eje en el poder de los ciudadanos. Los gobiernos provinciales están más cerca de los ciudadanos, y respetarlos es respetar a los habitantes de cada provincia. Se necesita sancionar finalmente una ley de Coparticipación, tal como lo establece la Constitución de 1994. Esa nueva ley debe garantizar la autonomía financiera de las provincias, limitando la capacidad de la Nación para usar las transferencias como forma de disciplinamiento político; debe simplificar el sistema de distribución de impuestos para evitar un comportamiento oportunista de la Nación al crear o aumentar tributos; debe tener un criterio solidario con provincias de menor desarrollo; y debe dar a las provincias todas las capacidades tributarias que deseen.

 

 


 

Misteriosa Buenos Aires, la provincia

La Provincia de Buenos Aires tiene el 38,1% de la población argentina, y una extensión de 307.571 km² (aproximadamente la superficie de Italia).

Es gigante.

Ocupa el 11,06 % de la superficie total del país. Está dividida en 135 municipios, denominados constitucionalmente partidos. El partido de Patagones es el más extenso, con 13.600 km², y el de Vicente López el menor, con 33 km².

En la Provincia de Buenos Aires hay 15,6 millones de habitantes según los resultados del censo de 2010. Es la provincia más poblada de la República Argentina y la entidad política subnacional más poblada de Hispanoamérica, por delante del Estado de México.

A nivel demográfico, el territorio provincial se divide en los partidos del conurbano bonaerense, el Gran Buenos Aires, con 11,5 millones de habitantes, y el interior provincial, con aproximadamente 4 millones de habitantes.

Es desproporcionada.

Esto tiene mucho que ver con la discriminación que sufre en el reparto de fondos federales. Concentra más o menos la mitad de los pobres del país. Es uno de los estados que recibe menos transferencias nacionales por persona.

La identidad cultural bonaerense es poco asimilable con algún tipo de orgullo conglomerado. Muy pocos se reconocen como “bonaerenses”. Más bien hay marplatenses, quilmeños, necochenses y linqueños.

Buenos Aires era una ciudad; después era una ciudad más una “campaña”; a partir de la federalización en 1880 fue sólo “la campaña” y una ciudad futurista: La Plata; y hoy es, ante todo, el GBA más todas esas ciudades de algunas decenas de miles con su plaza, su municipalidad, y su Banco Nación.

 

Partamos en tres la provincia

Tendremos dos provincias que se repartan el conurbano; las llamaremos Cien Chivilcoy (en honor a las ideas de Sarmiento sobre una colonización fundada en la pequeña propiedad agrícola) y Atlántica; y una que ocupe las tierras frontera al sur del Salado, que se puede llamar Tierra del Indio. Por supuesto, estos nombres son a los fines de la presentación y serán decididos por los habitantes de las nuevas provincias.

El límite entre Tierra del Indio y Cien Chivilcoy es natural (salvo por Alberti): desde El Salado hasta Roque Pérez.

Claro que la población seguirá siendo bastante desigual: Atlántica y Cien Chivilcoy se llevarán la parte del león al dividirse el Conurbano. Altántica quedará con 6,5 millones de habitantes, Cien Chivilcoy con 5,6 millones y Tierra del Indio con casi 1,7 millones, es decir, una provincia muy digna. Para darnos una idea: Mendoza tiene un millón y medio. Los pueblos del interior provincial estarán muy a gusto con la iniciativa porque ahora están muy postergados frente al GBA.

Mejorará el equilibrio de diputados por provincia en el Congreso. Atlántica tendrá 33 diputados, Cien Chivilcoy 28 y Tierra del Indio una muy respetable cantidad, 9. Sí, seguirá habiendo dos provincias importantes pero cada una duplicará a Córdoba, no será cinco veces más grande. Capital (que se llamará simplemente "Buenos Aires") manda 25 diputados.

Eliminaremos para siempre la frase "la primera provincia argentina".

Tendremos provincias con identidad. Por supuesto, cada una tendrá su parte urbana y su parte rural.

 

Atlántica es la provincia de Don Segundo Sombra, la Ruta 2, el fútbol (Atlántica sola tendría a Independiente, Racing, Arsenal, Lanús, Banfield, Quilmes, Estudiantes y Gimnasia en Primera), la ganadería, el Río Salado, los bastiones peronistas del conurbano, nuestras playas satisfactorias, las vacaciones de todo el país. Se puede oler ahí una identidad. Su capital: La Plata.

Cien Chivilcoy es algo así como la Pampa Gringa Bonaerense, la pequeña o no tan pequeña propiedad agrícola que se hace rica de este lado del Salado, es el Delta, la Panamericana, los partidos coquetos del norte del GBA y sus extensiones a Pilar, la larga marcha del Oeste hacia Luján o Chivilcoy. Su capital: Junín.

Tierra del Indio es la cuna del Pampero, la agricultura algo más extensiva, los fuertes hechos ciudades en Azul y Olavarría, las sierras de Balcarce y de Tandil, el puerto de cereales en Quequén que suma en Bahía las commodities industriales, las escuelas agronómicas, la frontera despoblada en Trenque Lauquen o Salliqueló, la promesa de desierto ventoso en Villarino o Patagones. Su capital: Bahía Blanca.

En la comunicación postal de la capital de la República podremos poner sencillamente "Buenos Aires" y no esas otras barbaridades como "Capital Federal" o "Ciudad Autónoma de Buenos Aires, C.A.B.A.". Buenos Aires, amigos, es una ciudad.

 

Repensar nuestro federalismo

Independientemente de la discusión del rol que los Estados nacional y provinciales tienen en la provisión de servicios básicos (educación, salud, seguridad), en todos los casos es posible imaginar un federalismo en el que las provincias puedan sentirse financieramente libres y en la capacidad para que sus ciudadanos elijan su propio destino.

Un elemento central para lograr esa autonomía real, para evitar el disciplinamiento de las provincias por el poder central, es además un mandato constitucional: la discusión de una nueva Ley de Coparticipación, tal como prevé la Constitución de 1994. Algunos ejes deben ser: garantizar la autonomía financiera de las provincias, limitando la capacidad de la Nación para usar las transferencias como forma de disciplinamiento político; simplificar el sistema de distribución de impuestos para evitar un comportamiento oportunista de la Nación al crear o aumentar tributos según su interés; un criterio solidario con provincias de menor desarrollo; dar a las provincias todas las capacidades tributarias que deseen. Además, por vía legal debe compensarse a los distritos más desfavorecidos con el reparto actual, en particular a las Provincias Sucesoras de Buenos Aires; y debe completarse la transferencia de servicios de seguridad al gobierno local de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.