Infraestructura

La propuesta

Es vergonzoso que sólo un 60% de quienes habitan el conurbano bonaerense tengan cloacas y menos del 85%, agua potable. Entre censo y censo, se mantuvo prácticamente inmóvil el porcentaje de población que no tiene acceso a agua corriente y cloacas. Un tema que en el interior del país también presenta datos indignantes a esta altura del partido. Esta cuestión explica, por sí sola, buena parte de la desigualdad en Argentina y gran parte de las consultas médicas en ámbitos geográficos determinados. Esto incide directamente en el sistema de salud y en las expectativas de desarrollo y progreso de millones de argentinos. No existe mejor política que podamos ofrecerles a los sectores más vulnerables y olvidados que una red moderna de cloacas y agua potable.

La unión física del país requiere inversión en diversas obras de infraestructura y de comunicaciones, pero pocas tienen la urgencia de una “Red Federal de Autopistas” o autovías, sin peaje, que una las 22 capitales provinciales continentales y la capital de la Nación, además de otras imprescindibles por motivos estratégicos o por saturación de las rutas.

 


 

Crecimiento es crear cimientos

El déficit de infraestructura, después de la riqueza acumulada durante todos estos años, es imperdonable y nos coloca frente al compromiso de demostrar que otro país es posible y necesario. Tenemos que ampliar y dignificar la infraestructura social básica, calificar y potenciar la infraestructura educativa y, sobre todo, adecuar y multiplicar la infraestructura productiva.

La infraestructura educativa, además de edificios en buenas condiciones, implica caminos seguros para llegar a las escuelas, una red de comunicaciones acorde con nuestros días y centros de salud cercanos y abastecidos. Además de servicios básicos de calidad y educación de avanzada, una sociedad necesita infraestructura para producir. Ningún emprendedor puede suplir al Estado en esta tarea y, sin infraestructura adecuada para todos, la economía no puede prosperar.

Hoy la infraestructura no es sólo hormigón y hierro. También es infraestructura en comunicaciones. A veces llamamos a estos años “la década ganada de la llamada perdida”.  Es difícil exagerar la importancia de que todos los argentinos estén bien conectados. Internet hoy es imprescindible para la competitividad de absolutamente todas las industrias, para la educación, para la salud (por ejemplo, para que los médicos estén al tanto de las últimas investigaciones), para la vida social y familiar. Y da vergüenza ver el mapa de conexión a redes 3G y 4G en comparación con la región, por no hablar de la saturación de la red. La Argentina necesita un boom de inversiones en conectividad. Mientras tanto, para aliviar la situación proponemos el plan “Tecnología para crecer” que incluye un sistema de incentivos al uso compartido de las redes de WiFi.

Los más de tres mil argentinos que mueren todos los años en rutas con un sólo carril son una tragedia que todavía no llegamos a visualizar. Necesitamos rutas, vías y puertos modernos, ferrocarriles, aeropuertos, ciudades bien diseñadas, comunicación de avanzada y un Estado que, en lugar de trabas, ofrezca soluciones, que en lugar de un costo, sea un aliado. Cuando esto sea así, la sociedad lo va a traducir en que pagar impuestos constituye un acto de justicia.

Otra deuda que tenemos es la del ferrocarril trasandino, que ya está diseñado, que tiene del otro lado al gobierno chileno esperando, y que puede cambiar el esquema de traslado de mercadería y convertirse en el nuevo canal de Panamá en América del Sur. Tiene el potencial de ser una verdadera revolución para el transporte, más necesario que nunca en tiempos en los que tenemos que ser bien firmes en el cuidado del medio ambiente.

 

Red Federal de Autopistas

Las autopistas salvan vidas. En la Argentina mueren más de 7.500 personas al año por accidentes de tránsito (Luchemos por la vida, 2014), y la mayoría de éstos se producen en rutas de doble mano, muchas de ellas en maniobras de sobrepaso. Pero las autovías son además un instrumento poderoso de desarrollo económico de las regiones argentinas.

En un mundo global, el destino de las economías regionales depende de que cada provincia encuentre su lugar en el mundo. Ese encuentro entre cada región y el mundo no ocurre espontáneamente, depende de políticas que quiten las trabas y los impuestos que hoy pesan sobre las economías regionales, así como de inversiones en infraestructura y de políticas activas que reduzcan costos de producción, en particular en zonas más alejadas de los puertos o con menor desarrollo económico.

Hoy sólo cuatro capitales provinciales, La Plata, Santa Fe, Córdoba y Paraná, están conectadas entre sí y con la capital de la República por autopistas. Las autopistas tienen beneficios múltiples. En primer lugar, el beneficio de seguridad. Se estima que las autopistas podrían salvar unas 3.000 vidas, además de una incalculable cantidad de daños físicos y también materiales. ¿Cuántas familias han sido destruidas directa o indirectamente por accidentes en la ruta, en particular asociadas a las dificultades de sobre paso en rutas de carril simple?

Las autopistas tienen la ventaja de ser capaces de acomodar tanto tránsito de pasajeros como de carga y tienen la posibilidad de absorber los cambios tecnológicos que puedan producirse en el transporte automotor, algo que es más difícil con el tendido de líneas férreas, más atadas a una determinada. Además, los principales volúmenes de carga tienen un origen disperso, lo que hace inevitable el uso del camión. En distancias no muy largas, el costo de trasbordo de mercadería entre, por ejemplo, el camión y el tren supera al costo directo de traslado desde origen al destino por camión.

El ferrocarril sí es necesario en distancias largas o en carga de punto a punto como, por ejemplo, de una minera a un puerto. En cuando al tránsito de pasajeros, el tren tiene sentido para volúmenes altos que permitan al mismo tiempo frecuencias razonables y uso de la capacidad instalada, una condición que se da claramente en áreas urbanas y suburbanas pero no necesariamente en el tráfico interurbano.

¿Por qué autopistas sin peaje? Como muchas inversiones públicas, el beneficio lo recibe directa o indirectamente toda la sociedad: un transporte más barato implica precios menores, que benefician a todos los consumidores; se fomenta el turismo, con ventaja para consumidores y zonas receptoras; y la mayor competitividad provee divisas, que ayudan al conjunto de la economía. Es decir, no hay una injusticia distributiva en que el conjunto de la sociedad pague las autopistas. Pero, además, el pago por usuario es ineficiente. El sistema de peaje es desaconsejable como forma de financiamiento de la obra porque, una vez que la autopista está construida, tiene sentido que se use siempre que el beneficio de su uso sea superior al costo de usarla, que no está dado por el costo de construcción sino apenas por el de mantenimiento.

Unir todas las capitales provinciales implicaría unos 6500 kilómetros de autovías; el plan completo, basado en indicadores de tráfico y en criterios federales de desarrollo regional, llega a los 11.000 kilómetros. En muchos casos pueden consistir en agregar un doble carril de autovía adyacente a la ruta existente y no es necesaria la construcción de una autopista o autovía desde cero. En todos los casos, las autopistas o autovías circunvalarían pueblos y ciudades.

Tomando un precio similar al de los últimos tramos de la autovía 14 (alrededor de 1 millón de dólares el kilómetro), el plan que incluye sólo las capitales provinciales demandaría unos 1.600 millones de dólares anuales. Esa cifra es aproximadamente el subsidio implícito al “dólar ahorro” (reservas del BCRA vendidas por debajo del precio de mercado) o el “dólar Miami”. El plan completo podría financiarse a bajo costo con un fideicomiso formado por la conversión de parte de los impuestos al combustible ya existentes en una tasa que garantizara el pago de las obras, una vez concluidas. La contratación sería absolutamente transparente y competitiva, y el pago por obras podría contar con la garantía de organismos internacionales para asegurar a los contratantes la seguridad jurídica. Sí podría cobrarse por el costo de uso de las autopistas, pero nuevamente, resulta más eficiente la utilización de recursos generales que incluyen los actuales impuestos al combustible.

 

Infraestructura para unir

La inversión en autopistas y autovías es sólo una parte del shock de competitividad para las economías de las regiones de Argentina, hoy en crisis. Otras obras logísticas incluyen la inversión en puertos e hidrovías y la puesta en valor del ferrocarril Belgrano Cargas. Tenemos que acortar las distancias, especialmente las distancias entre las provincias lejanas a los puertos y el mundo.

Proponemos además la creación de un sistema de concurrencia automática de fondeo entre municipios, provincias y Nación que permita la pavimentación y mejora de caminos rurales.  Las autoridades locales tendrán derecho a definir sus prioridades de obras y recibir apoyo automático de la Nación si contribuyen proporcionalmente a ellas, según porcentajes que dependan del grado de desarrollo de cada localidad.

El shock de competitividad para las economías de las diversas regiones argentinas incluirá además un alivio impositivo: el combate a la suba de costos provocada por la inflación; la eliminación de todas las retenciones a las economías regionales, de todo permiso previo de exportación y de la obligación de liquidar dólares en el Banco Central; una reforma tributaria centrada en un impuesto progresivo a las ganancias de las pequeñas empresas (“Producir Tiene Premio”); la desgravación a la contratación de trabajadores actualmente informales o desempleados (“Juntos en Blanco”) que en las provincias del Norte del país tiene cifras en la población asalariada por encima del 40%; el acceso sin permisos previos a importaciones de bienes de capital e insumos; y la recuperación de mercados externos de la mano de la normalización de los regímenes de comercio y de la recuperación del Mercosur como una auténtica área de libre comercio.

Creemos que los mercados funcionando en competencia son buenos para producir. Pero para que funcionen bien, es imprescindible una intervención decidida e inteligente del Estado en infraestructura que mejora la productividad y la vida de los argentinos.