Rol del estado

La propuesta

Pasamos de un esquema político, en los noventa, con un Estado ausente que le dejó su lugar a un mercado que iba a generar riqueza y a “derramarla” hacia toda la sociedad, a una década con un discurso contrario, en la que el Estado creció de forma descomunal y avanzó sobre todas las áreas y cree que sólo él debe crear y distribuir, prescindiendo de otros actores.

La antinomia Estado versus mercado es falsa. El Estado necesita del mercado y el mercado necesita del Estado. En esencia, nosotros creemos que mercados funcionando en auténtica competencia y con infraestructura adecuada son buenos para producir; pero que el Estado debe intervenir con decisión e inteligencia para corregir fallas de mercado cuando las hay, y para alcanzar una auténtica igualdad de oportunidades, cosa que no ocurre automáticamente.

La Argentina que viene debe dejar atrás la antinomia “mercado o Estado”, para llegar a complementar la tríada “Estado, mercado y sociedad”, y lograr así un país de equilibrio político, de madurez, de racionalidad y de república democrática.

 


 

Un Estado extendido no es un Estado fuerte

Diferenciemos gasto público de Estado. El gasto público, en estos últimos años, ha aumentado a niveles que hacen insoportable la presión fiscal a los sectores productivos y, especialmente, a los trabajadores. El Estado, contrariamente, se debilitó enormemente. Creció en cantidad de empleados y en intromisión en algunas áreas, pero, en lo relativo a su función y a la de sus agencias, es un Estado raquítico, poco creíble y desertor de sus obligaciones. El ejemplo más claro de esto es el INDEC.

El Estado se ha transformado en un dispensador de subsidios para el consumo de bienes privados y ha desertado de su tarea principal de invertir puertas afuera de los hogares, donde están las escuelas, los hospitales, los caminos, los medios de transporte.

Se ha clientizado la pobreza, como en otras etapas de nuestra historia, pero a esto se le agregó el clientelismo de medios y el clientelismo empresario. Un ejemplo es la asignación de pauta oficial con la afinidad política como criterio principal.

En la última década no se discutió el modelo de desarrollo o cuál debería ser el rol del Estado en la promoción de las distintas ramas productivas. En los últimos cuatro o cinco años, el Estado ha intervenido en la economía generando distorsiones y arruinando las distintas cadenas de valor – carne, cereales, lácteos, etc.– , todo sustentado gracias al precio internacional de la soja.

 

Ni Estado bobo ni Estado ausente

Nuestra postura es clara. El mercado funcionando en auténtica competencia y en un contexto de estabilidad económica es un buen sistema para producir. Pero el mercado es muy malo para alcanzar una distribución del ingreso justa y para garantizar el futuro de nuestra sociedad. Durante los ‘90, tuvimos un Estado que se apartó de la producción pero generó monopolios privados sin control y dejó de lado su papel para redistribuir el ingreso. En los años kirchneristas, el Estado retomó una tarea distributiva pero al mismo tiempo ahogó a la producción, generó nuevos monopolios y dio lugar a un contexto macroeconómico que trabó el funcionamiento del mercado. Necesitamos más mercado y más competencia para producir y necesitamos un Estado que asuma con mucha más decisión y eficiencia la tarea de alcanzar una distribución más justa del ingreso y de garantizar las inversiones de las que depende el futuro del país.

 

Equilibrio

El Estado es solo una parte del modelo de país, probablemente la más importante, porque es el arquitecto de la sociedad. Por eso tenemos que construir un Estado que sea capaz de articular reglas de juego para la inversión y la competitividad, establecer equilibrios en el mercado para que este genere riqueza, y hacer, a la vez, una distribución de esa riqueza. La principal herramienta para esto último es diseñar un sistema tributario que pueda captar la renta y distribuirla de manera progresiva.

Tenemos que dejar esto bien claro: vamos a generar reglas de juego estables y previsibles. No se puede prosperar sin crear confianza; ese es el principal activo que el Estado tiene para ofrecer a sus emprendedores y a sus ciudadanos.

 

Ejemplaridad

 

La relación del Estado con la sociedad es, tal vez, la herencia más pesada que dejará el kirchnerismo, con una mirada paternalista y casi oligárquica, omnipresente y clientelar. Debemos recomponer el contenido del Estado, que debe funcionar con funcionarios éticos, responsables, idóneos y austeros, que hagan de la actividad pública un servicio y de su conducta un ejemplo para una sociedad que necesita recuperar valores para encontrar el rumbo.