La propuesta

 

La industria en todas sus vertientes hoy grita la necesidad de que la Argentina recupere la senda de una macroeconomía estable y reglas previsibles: equilibrio fiscal y comercial, crédito abundante, inflación baja, razonable competitividad cambiaria, libertad de cambios y un régimen de comercio exterior sin regulaciones caprichosas.

La promoción industrial inteligente no viene de aumentar los precios locales, sino de reducir los costos, porque sólo de esa manera la industria puede ser exportadora y sostenible. Un sobrecosto argentino descomunal es el crédito, cuando existe, que no es siempre, y que en el caso de las PyMES es casi nunca. La Argentina puede tener tasas de interés de largo plazo en menos de la mitad de los niveles actuales. Otro sobrecosto es el acceso difícil o imposible a tecnología e insumos críticos importados. Además, la política tributaria tiene que ayudar a la producción, en especial la destinada a la exportación, la realizada en regiones con desventajas naturales y la de PyMES. Eliminar los impuestos a la contratación de trabajadores informales o desempleados es otra manera de fomentar la competitividad y, al mismo tiempo, reparar heridas en nuestra sociedad.

 


 

 

Diagnóstico

Los años iniciales tras la crisis de 2001-2002 nos recuerdan que si tiene competitividad adecuada, la industria puede desarrollarse, crecer y generar empleo manteniéndose integrada al comercio mundial. No existían entonces las trabas al comercio que existen hoy. Es una lección importante: lo que destruye a la industria no es acoplarse inteligentemente a la globalización, sino el atraso cambiario que existió con Martínez de Hoz, con Cavallo y con Kicillof. Entre 2011 y 2015 la actividad industrial disminuyó, mientras que en la mayoría de los países del mundo aumentaba.

Tenemos que salir de esta escasez de divisas, que perjudica a toda la economía y en particular a la industria. Ninguna industria del mundo produce hoy sin estar integrada a insumos obtenidos de otros países. Para eso hay que terminar con estas cuestiones mesiánicas que hacen que un día se eliminen o cancelen las exportaciones de carne o leche. Todos sabemos que estas medidas le trajeron consecuencias nefastas no sólo al campo, sino a la industria manufacturera: sin exportaciones no hay divisas, y sin divisas no hay industria. Haber impedido las exportaciones de carne le hizo perder a la Argentina diez millones de cabezas de ganado. Haber impedido la exportación de leche hizo que cerraran siete mil tambos, y lo mismo pasó con la cantidad de hectáreas sembradas de trigo. Y haber pasado de ser exportadores a importadores de energía amplió el agujero por el que corre esta sangría de dólares.

El presidente Frondizi lo tenía claro. Decía “Petróleo + carne = acero + industrias químicas”. Sin promover las exportaciones y el uso de nuestra propia energía, la industria manufacturera sufre, porque no puede obtener maquinarias ni insumos importados.

El camino que el próximo presidente marque  deberá tener que ver con cambios culturales que consideramos indispensables y que, estamos seguros, van a repercutir inmediatamente en la industria: el respeto por la ley, la lucha contra la corrupción, y la recuperación de la cultura del trabajo. Lo primero que hay que hacer es generar previsibilidad con reglas claras y estables. Después de dejar en claro cuál es el camino, se determinarán las medidas coyunturales y concretas.

 

Economía previsible y destrabada, industria fuerte

Debemos lograr la unificación cambiaria lo más pronto posible, ya que no sólo beneficiará a la industria, sino que les devolverá un sistema económico más simple a todos los argentinos. Ponerle una traba al intercambio de pesos por dólares es trabar un engranaje clave para la inversión. El ahorro de los argentinos o de los extranjeros que quiera convertirse en inversión tiene que poder hacerlo.

También hay que eliminar tanto los derechos de exportación a los bienes industriales y a los bienes culturales e intensivos en conocimiento como el sistema de declaraciones juradas anticipadas de importaciones (DJAI).

Para generar exportaciones y sustituir importaciones tenemos que tener un sistema tributario razonable y cargas laborales diferenciadas, porque no puede sostener la misma carga laboral una empresa multinacional con miles de empleados que una PyME con sólo unos pocos. Vamos a derogar el impuesto adicional a las ganancias distribuidas y reducir el pago de ganancias para los dueños de PYMES, como explicamos en nuestra propuesta “Producir Tiene Premio”. Además, fomentaremos la contratación de trabajadores informales o de desempleados liberándolos de impuestos, con nuestro programa “Juntos en Blanco”.

Impulsaremos la derogación de la Ley de Abastecimiento, porque derogarla significa poner en marcha automáticamente el Tribunal Nacional de Defensa de la Competencia, que está sin funcionar desde hace doce años.

 

Promover la industria en todo el país

En el Senado hemos presentado un proyecto de Ley Nacional de Promoción Industrial en el que proponemos que todas las provincias argentinas tengan un cupo fiscal para promocionar actividades. Pero no un cupo igual para todas. Mendoza, por ejemplo, no puede tener el mismo cupo que Formosa, Jujuy, Chaco, Salta, sino menor. Tampoco un cupo para hacer cualquier cosa: cada provincia podrá promocionar las actividades que crea convenientes pero, por supuesto, en el marco de un programa nacional.

Pero esta promoción industrial tiene que ser inteligente y pensando en la posibilidad de exportar, es decir: ayudando a reducir costos. Las industrias de cada una de las provincias de la Argentina tienen que encontrar su lugar en el mundo. Sólo así garantizaremos un federalismo auténtico, en el que las autonomías provinciales no dependan de los caprichos del gobierno nacional.

Adherimos sin duda a la idea de que el Estado tiene que promover a los sectores de la economía que se vislumbran como más dinámicos. Pero esa promoción no puede ir de la mano de aumentar los precios locales, perjudicando a los consumidores y cargando a toda la economía con costos mayores que terminan perjudicando la exportación y la obtención de divisas.

Tenemos que generar confianza a partir del crédito bancario con las herramientas y las normas que el propio Banco Central tiene hoy, puestas al servicio de la producción.

La industria nacional tiene que volver a ser protagonista de su historia y el motor de la nueva Argentina, llena de emprendedores, de ideas, de fuerza de trabajo y sueños que se traduzcan, para todos, en futuro.